En Valencia, el 23 de agosto, estará el mito al volante de Ferrari, un abrazo a un gran premio en problemas, que rezaba en las últimas horas para que la Federación Internacional levantara la sanción que por el momento prohíbe competir a Renault. Falta conocer si Fernando Alonso recibirá definitivamente bula para poder correr ante su afición, que se ilusiona ya con el encuentro del asturiano y Michael Schumacher en el asfalto, dos antiguos enemigos que pelearon muy duro por el título en 2005 y 2006. "Esta es una gran noticia para Valencia. Será histórico ver de nuevo sobre la pista a Michael Schumacher que es, según su palmarés, el mejor piloto de la historia del automovilismo", aplaudió Jorge Martínez Aspar, vicepresidente de la empresa organizadora de la cita urbana.
En reunión urgente en Maranello, Luca Cordero di Montezemolo, presidente de Ferrari, y Stefano Domenicali, jefe del equipo, consiguieron el sí del heptacampeón, reticente en un principio a subirse al monoplaza para realizar una simple sustitución. Orgulloso, le parecía poco apropiado un regreso improvisado, por culpa de la lesión de Massa. Sus dudas incrementaron las posibilidades del español Marc Gené, probador de la escudería, y en alerta esta semana por si tenía que conducir el coche en Valencia. Sin embargo, la última palabra fue de Montezemolo, ilusionado con la posibilidad de ver a su querido Michael otra vez a los mandos.
¿Cómo reaccionará el universo Ferrari si Michael Schumacher triunfa en su retorno? Con un coche en mejoría, nadie duda de que estará arriba otra vez, pero ni el equipo ni el alemán se plantean por el momento estirar más allá esta asociación circunstancial. El piloto dirige ahora un imperio inmobilario y desde que abandonó el campeonato, a finales de 2006, ha ejercido de asesor de la escudería con difusas atribuciones mientras gastaba su tiempo libre en partidos de fútbol benéficos, viajes promocionales, regatas o carreras de motos, en las que ha protagonizado más de un susto serio con espectaculares caídas. El nervio, la seriedad, la mirada gélida, el hambre insaciable era para la Fórmula 1. En Valencia recuperará el traje de campeón.